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| Aparecida
(Capitulo II 2.2) |
| El trabajo y la oración
han dado frutos |
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Los
esfuerzos pastorales orientados hacia el encuentro
con Jesucristo vivo han dado y siguen dando frutos.
Entre otros, destacamos los siguientes:
a) Debido a la
animación bíblica de la pastoral,
aumenta el conocimiento de la Palabra de Dios
y el amor por ella.
b) La renovación
litúrgica acentuó la dimensión
celebrativa y festiva de la fe cristiana, centrada
en el misterio pascual de Cristo Salvador, en
particular en la Eucaristía.
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Crecen las manifestaciones
de la religiosidad popular, especialmente la piedad
eucarística y la devoción mariana.
c) Nuestro pueblo tiene
gran aprecio a los sacerdotes. Reconoce la santidad
de muchos de ellos, como también su testimonio
de vida… También los ministerios
confiados a los laicos y otros servicios pastorales…
Es significativo el testimonio de la vida consagrada,
su aporte en la acción pastoral y su presencia
en situaciones de pobreza, de riesgo y de frontera.
d) Resalta la
abnegada entrega de tantos misioneros y misioneras
que, hasta el día de hoy, desarrollan una
valiosa obra evangelizadora y de promoción
humana.
e) Crecen los
esfuerzos de renovación pastoral en las
parroquias, favoreciendo un encuentro con Cristo
vivo… Se ha tomado conciencia de la importancia
de la Pastoral Familiar, de la Infancia y Juvenil.
f) La Doctrina
Social de la Iglesia constituye una invaluable
riqueza, que ha animado el testimonio y la acción
solidaria de los laicos y laicas, quienes se interesan
cada vez más por su formación teológica…
Se valora el desarrollo que ha tenido la Pastoral
Social, como también la acción de
Caritas –y- los diversos apostolados con
incidencia social. Se ha desarrollado la pastoral
de la comunicación social… contrarrestando
en parte a grupos que ganan constantemente adeptos
usando con agudeza la radio y la televisión.
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| Aparecida
(Capitulo I ) |
| Los Discípulos Misioneros |
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20Nuestra
reflexión acerca del camino de las Iglesias
de América Latina y El Caribe tiene lugar
en medio de luces y sombras de nuestro tiempo.
Nos afligen, pero no nos desconciertan, los grandes
cambios que experimentamos. Hemos recibido dones
inapreciables, que nos ayudan a mirar la realidad
como discípulos misioneros de Jesucristo.
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21.
La presencia cotidiana y esperanzada de incontables
peregrinos nos ha recordado a los primeros seguidores
de Jesucristo que fueron al Jordán, donde
Juan bautizaba, con la esperanza de encontrar
al Mesías (Cf. Mc 1, 5). Quienes se sintieron
atraídos por la sabiduría de sus
palabras, por la bondad de su trato y por el poder
de sus milagros, por el asombro inusitado que
despertaba su persona, acogieron el don de la
fe y llegaron a ser discípulos de Jesús.
Al salir de las tinieblas y de las sombras de
muerte (Cf. Lc 1, 79), su vida adquirió
una plenitud extraordinaria: la de haber sido
enriquecida con el don del Padre. Vivieron la
historia de su pueblo y de su tiempo y pasaron
por los caminos del Imperio Romano, sin olvidar
nunca el encuentro más importante y decisivo
de su vida que los había llenado de luz,
de fuerza y de esperanza: el encuentro con Jesús,
su roca, su paz, su vida.
22. Así nos ocurre
también a nosotros al mirar la realidad
de nuestros pueblos y de nuestra Iglesia, con
sus valores, sus limitaciones, sus angustias y
esperanzas. Mientras sufrimos y nos alegramos,
permanecemos en el amor de Cristo viendo nuestro
mundo, tratamos de discernir sus caminos con la
gozosa esperanza y la indecible gratitud de creer
en Jesucristo.
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