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NONAGESIMA TERCERA ASAMBLEA ORDINARIA
DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL VENEZOLANA
 

 

Monseñor Ubaldo Santana, Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, pronunció las palabras de salutación y bienvenida a dicha Asamblea, haciendo especial énfasis en su salutación hacia el Excelentísimo Pietro Parolín, nuevo Nuncio Apostólico en Venezuela.

Para comenzar realizó una exposición sobre los tres acontecimientos que marcaron la vida de la CEV durante el año 2009: la puesta en práctica del Concilio Plenario de Venezuela y de la Misión Continental; la preparación y la realización de la Visita ad Limina Apostolorum Petri et Pauli del Episcopado nacional (1 al 18 de junio pasado) a Roma, así como la intervención en el debate que se suscitó en torno a la aprobación de la nueva Ley Orgánica de Educación.

Como pastor abordó el panorama nacional e internacional: “…pues es un deber propio de nuestro ministerio proyectar la luz del evangelio sobre las cuestiones sociales de nuestro tiempo. Formamos parte de un mundo cada vez más interconectado. Las realidades, conflictos y dramas de nuestro tiempo y de otras latitudes no nos son ajenas, no se pueden analizar aisladamente y mucho menos resolverse sin tomar en cuenta el conjunto. Vivimos en un mundo convulsionado, sacudido por aceleradas y profundas corrientes de cambio. Los católicos interpretamos las conmociones naturales e históricas no en sentido fatalista y catastrófico como si el cosmos y la historia carecieran de guía y de sentido sino como oportunidades de crecimiento, como crisis purificadoras, como signos esperanzadores del advenimiento más pleno de nuevas realidades. Es desde esta lectura de fe y esperanza que destaco algunos de esos signos”.

En cuanto al panorama nacional destacó varios aspectos: violencia, pobreza, polarización y Ley de Educación:

“Me atendré a señalar algunos aspectos relevantes que inciden en la vida del pueblo venezolano desde la óptica propia de un pastor de la Iglesia católica, que cree fervientemente que las soluciones del país parten del reemplazo efectivo del clima de confrontación por un clima favorecedor de más y mejor diálogo.

 

     
 

 

En múltiples oportunidades lo he dicho y hoy lo repito: los pastores de la Iglesia católica no somos ni opositores ni oficialistas; solo queremos ejercer nuestra misión de ser guías y voceros y contribuir desde nuestras funciones específicas a iluminar las conciencias, a fortalecer la salud espiritual y la calidad de vida de nuestra sociedad, tal como lo hemos venido haciendo a lo largo de la historia” … “En Venezuela estamos perdiendo en forma acelerada el valor sagrado de la vida humana y del sentido mismo de la existencia.

Estamos frente a un grave problema afectivo y espiritual y a una no menos grave carencia de políticas públicas acertadas”.

Monseñor Ubaldo destacó que la pobreza “…es a todas luces uno de los principales problemas del país y una de las causas de la conflictividad social imperante.

La pobreza tiene que ver con factores económicos y políticos sin duda pero también y sobretodo con la pérdida del sentido de la meta de la existencia humana.-El mundo está enfermo de consumismo extremo, de individualismo. La pobreza se combate eficazmente con equidad social”.

Y sin duda uno de los temas que acaparó la atención de padres, representantes y, por supuesto, de la Iglesia Católica durante el 2009 fue la Ley de Educación, sobre la que expresó su preocupación: “…vemos con alarma la forma cómo se elaboró, se discutió y se aprobó la reciente Ley Orgánica de Educación (LOE), sin tomar en cuenta de manera más amplia y respetuosa a todos los componentes de la sociedad.

En materia de tanta trascendencia los políticos no pueden tomar decisiones exclusivas, más aún cuando los voceros calificados de gobierno pregonan su voluntad de querer ser inclusivos y plurales. Es fundamental buscar el consenso”.

PRENSA/CEV

 
 

 
 
 
 
 
Hacia una civilización del amor
Una esperanza sólida
 

 

 

 

578. La Iglesia enseña al hombre que Dios le ofrece la posibilidad real de superar el mal y de alcanzar el bien. El Señor ha redimido al hombre, lo ha rescatado a caro precio (cf.1 Co 6,20). El sentido y el fundamento del compromiso cristiano en el mundo derivan de esta certeza, capaz de encender la esperanza, a pesar del pecado que marca profundamente la historia humana: la promesa divina garantiza que el mundo no permanece encerrado en sí mismo, sino abierto al Reino de Dios. La Iglesia conoce los efectos del “misterio de la impiedad” (2 Ts 2,7), pero sabe también que “hay en la persona humana suficientes cualidades y energías, y hay una “bondad” fundamental (cf. Gn 1,31), porque es imagen de su Creador, puesta bajo el influjo redentor de Cristo, “cercano a todo hombre”, y porque la acción eficaz del Espíritu Santo “llena la tierra” (Sb 1,7)”.

 

     
 

579. La esperanza cristiana confiere una fuerte determinación al compromiso en el campo social, infundiendo confianza en la posibilidad de construir un mundo mejor, sabiendo bien que no puede existir un “paraíso perdurable aquí en la tierra”. Los cristianos especialmente los fieles laicos, deben comportarse de tal modo que “la virtud del Evangelio brille en la vida diaria, familiar y social. Se manifiesta como hijo de la promesa en la medida en que, fuertes en la fe y en la esperanza, aprovechan el tiempo presente (cf. Ef 5,16; Col 4,5) y esperan con paciencia la gloria futura (cf. Rm 8,25). Pero no escondan esta esperanza en el interior de su alma, antes bien manifiéstenla, incluso a través de las estructuras de la vida secular, en una constante renovación y en un forcejeo con los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malignos (Ef 6,12)Las motivaciones religiosas de este compromiso pueden no ser compartidas, pero las convicciones morales que se derivan de ellas constituyen un punto de encuentro entre los cristianos y todos los hombres de buena voluntad.

Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia

 
 

 
 
 
 
 
Congregación para la Doctrina de la Fe. Cardenal Ratzinger
Instrucción sobre algunos aspectos de la “Teología de la liberación”
Libertatis Nuntius
Capítulo II y III
 

 

 

 
 

II- EXPRESIONES DE ESTA ASPIRACIÓN

1.La aspiración a la justicia y al reconocimiento efectivo de la dignidad de cada ser humano requiere, como toda aspiración profunda, ser iluminada y guiada.

2. En efecto, se debe ejercer el discernimiento de las expresiones, teóricas y prácticas, de esta aspiración. Pues son numerosos los movimientos políticos y sociales que se presentan como portavoces auténticos de la aspiración de los pobres, y como capacitados, también por el recurso a los medios violentos, a realizar los cambios radicales que pondrán fin a la opresión y a la miseria del pueblo.

3. De este modo con frecuencia la aspiración a la justicia se encuentra acaparada por ideologías que ocultan o pervierten el sentido de la misma, proponiendo a la lucha de los pueblos para su liberación fines opuestos a la verdadera finalidad de la vida humana, y predicando caminos de acción que implican el recurso sistemático a la violencia, contrarios a una ética respetuosa de las personas.

 

     
 
4. La interpretación de los signos de los tiempos a la luz del Evangelio exige, pues, que se descubra el sentido de la aspiración profunda de los pueblos a la justicia, pero igualmente que se examine, con un discernimiento crítico, las expresiones, teóricas y prácticas, que son datos de esta aspiración.

III - LA LIBERACIÓN, TEMA CRISTIANO

1. Tomada en sí misma, la aspiración a la liberación no puede dejar de encontrar un eco amplio y fraternal en el corazón y en el espíritu de los cristianos.

2. Así, en consonancia con esta aspiración, ha nacido el movimiento teológico y pastoral conocido con el nombre de «teología de la liberación», en primer lugar en los países de América Latina, marcados por la herencia religiosa y cultural del cristianismo, y luego en otras regiones del Tercer Mundo, como también en ciertos ambientes de los países industrializados.

3. La expresión «teología de la liberación» designa en primer lugar una preocupación privilegiada, generadora del compromiso por la justicia, proyectada sobre los pobres y las víctimas de la opresión. A partir de esta aproximación, se pueden distinguir varias maneras, a menudo inconciliables, de concebir la significación cristiana de la pobreza y el tipo de compromiso por la justicia que ella requiere. Como todo movimiento de ideas, las «teologías de la liberación» encubren posiciones teológicas diversas; sus fronteras doctrinales están mal definidas.

4. La aspiración a la liberación, como el mismo término sugiere, toca un tema fundamental del Antiguo y del Nuevo Testamento. Por tanto, tomada en sí misma, la expresión «teología de la liberación» es una expresión plenamente válida: designa entonces una reflexión teológica centrada sobre el tema bíblico de la liberación y de la libertad, y sobre la urgencia de sus incidencias prácticas. El encuentro de la aspiración a la liberación y de las teologías de la liberación no es pues fortuito. La significación de este encuentro no puede ser comprendida correctamente sino a la luz de la especificidad del mensaje de la Revelación, auténticamente interpretado por el Magisterio de la Iglesia.

 
 

 
 
 
 

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