Con
estas nuevas ciencias que había aprendido
se presentó ante los tribunales y defendió
tan brillantemente el derecho que su familia tenía
a heredar los bienes que habían sido de
su padre, que aquellos jueces que habían
despojado de su herencia a muchísimos ciudadanos,
tuvieron que reconocerle sus derechos a Juana
Isabel, y así recuperó todos los
bienes de la familia.
La
Revolución Francesa había llevado
a la cárcel a centenares de sacerdotes
porque no habían querido ser infieles a
su santa religión. Juana Isabel se propuso
visitar las cárceles donde estaban sufriendo
estos ministros del Señor, y tan bondadosamente
trató a los carceleros, y tan generosa
fue en llevar regalos a los guardias, que estos
empezaron a tratar bien a los sacerdotes y hasta
les permitían celebrar la santa misa en
la cárcel.
La
buena administración de las fincas de su
padre le producía abundantes ganancias
y ella dedicaba lo que conseguía para repartirlo
a los pobres. A las familias hambrientas les enviaba
costales de mercado. A las mamás pobres
les regalaba botellas de leche para sus niños.
A los enfermos les costeaba las medicinas. A muchos
repartía alimentos y ropa. Era amada y
estimada por todos.
Desde la primera vez que ella vio celebrar misa
al Padre Andrés Fournet se convenció
de que era un verdadero hombre de Dios y se propuso
hablarle. Desde aquel día nació
una santa amistad entre estos dos apóstoles,
que los llevó a ayudarse mutuamente en
la fundación de la comunidad.
El
P. Fournet le mandó que se vistiera con
una túnica negra de tela muy ordinaria.
Esto disgustó mucho al principio a sus
familiares ricos que deseaban que ella se vistiera
con muchos lujos y elegancia. Pero después
se dieron cuenta de que el vestir humildemente
le hacía provecho para su santidad, y aceptaron
esto. Juana y el Padre Fournet empezaron a reunir
muchachas piadosas de buena voluntad y fundaron
la Comunidad de Hijas de la Cruz, para atender
a la juventud pobre y abandonada, y la santa se
dedicó a fundar casas de su comunidad en
diversos sitios de Francia. De vez en cuando las
vocaciones escaseaban, pero ella redoblaba la
oración, y Dios le enviaba nuevas y numerosas
vocaciones.
Fundó más de 60 colegios para niñas
pobres, y parecía una segunda Santa Teresa
por su gran fortaleza para viajar y dirigir, y
ayudar en todo. Además de sus numerosos
y penosos viajes y de sus agotadores trabajos,
hacía ayunos y penitencias, y rezaba mucho
y sin cansarse. Las últimas semanas sufrió
dolores muy agudos que la ayudaron a santificarse
más. Murió el 26 de agosto de 1838,
y fue declarada santa en 1947.
Santa Juana Isabel: que sepamos imitarte en dedicar
toda nuestra vida y nuestros bienes a extender
el Reino de Dios.