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Onomástico del 26 de Agosto
Santa Juana Isabel Bichier des Ages: una vocación para los pobres
 

 

 

 
 

Nació en Ages, Francia en 1773. Por eso la llamaban Isabel de Ages. Su padre era empleado del gobierno. Lo más llamativo de su vida cuando niña era que se impresionaba mucho al ver a enfermos y mendigos abandonados y hacía todo lo que podía por ayudarlos.

Su diversión favorita cuando niña era ir a la playa del mar y construir castillos de arena. Más tarde ella construirá muchos edificios para gente pobre. Y exclamará: "La inclinación a construir edificios la tuve desde muy chiquita". Era una inclinación regalada por Dios para que hiciera un gran bien a la humanidad.

La joven tenía 19 años. Varios jóvenes le habían propuesto matrimonio, pero ella declaró francamente a su mamá que su más grande deseo era dedicarse totalmente a la vida espiritual y a buscar el reino de Dios y la salvación de las almas. Y en aquellos tiempos estalló la Revolución Francesa y empezaron a asesinar a todos los que tenían fincas y haciendas. El hermano de Juana Isabel tuvo que huir de la nación para que no lo mataran los revolucionarios, y la herencia del padre estaba en gran peligro de perderse.

Entonces a la joven se le ocurrió una luminosa idea: aprender economía y especializarse en defender las propiedades ante la autoridad. En varios meses logró aprender las técnicas de cómo administrar los bienes, y se hizo muy hábil en hacer defensas de la propiedad ante los jueces.

 

     
 

Con estas nuevas ciencias que había aprendido se presentó ante los tribunales y defendió tan brillantemente el derecho que su familia tenía a heredar los bienes que habían sido de su padre, que aquellos jueces que habían despojado de su herencia a muchísimos ciudadanos, tuvieron que reconocerle sus derechos a Juana Isabel, y así recuperó todos los bienes de la familia.

La Revolución Francesa había llevado a la cárcel a centenares de sacerdotes porque no habían querido ser infieles a su santa religión. Juana Isabel se propuso visitar las cárceles donde estaban sufriendo estos ministros del Señor, y tan bondadosamente trató a los carceleros, y tan generosa fue en llevar regalos a los guardias, que estos empezaron a tratar bien a los sacerdotes y hasta les permitían celebrar la santa misa en la cárcel.

La buena administración de las fincas de su padre le producía abundantes ganancias y ella dedicaba lo que conseguía para repartirlo a los pobres. A las familias hambrientas les enviaba costales de mercado. A las mamás pobres les regalaba botellas de leche para sus niños. A los enfermos les costeaba las medicinas. A muchos repartía alimentos y ropa. Era amada y estimada por todos.

Desde la primera vez que ella vio celebrar misa al Padre Andrés Fournet se convenció de que era un verdadero hombre de Dios y se propuso hablarle. Desde aquel día nació una santa amistad entre estos dos apóstoles, que los llevó a ayudarse mutuamente en la fundación de la comunidad.

El P. Fournet le mandó que se vistiera con una túnica negra de tela muy ordinaria. Esto disgustó mucho al principio a sus familiares ricos que deseaban que ella se vistiera con muchos lujos y elegancia. Pero después se dieron cuenta de que el vestir humildemente le hacía provecho para su santidad, y aceptaron esto. Juana y el Padre Fournet empezaron a reunir muchachas piadosas de buena voluntad y fundaron la Comunidad de Hijas de la Cruz, para atender a la juventud pobre y abandonada, y la santa se dedicó a fundar casas de su comunidad en diversos sitios de Francia. De vez en cuando las vocaciones escaseaban, pero ella redoblaba la oración, y Dios le enviaba nuevas y numerosas vocaciones.

Fundó más de 60 colegios para niñas pobres, y parecía una segunda Santa Teresa por su gran fortaleza para viajar y dirigir, y ayudar en todo. Además de sus numerosos y penosos viajes y de sus agotadores trabajos, hacía ayunos y penitencias, y rezaba mucho y sin cansarse. Las últimas semanas sufrió dolores muy agudos que la ayudaron a santificarse más. Murió el 26 de agosto de 1838, y fue declarada santa en 1947.

Santa Juana Isabel: que sepamos imitarte en dedicar toda nuestra vida y nuestros bienes a extender el Reino de Dios.


 
 

Fuente: http://www.ecatolico.com

 
 
 
 

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